Desaparición forzada: crimen y tortura permanente Los desaparecidos son del pueblo, son hombres y mujeres que han sido arrancados por el Estado de sus hogares, de sus luchas, de sus profesiones, por ello como pueblo no debemos ser indiferentes ante tales hechos inhumanos...

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Nadin Reyes Maldonado | Opinión | 2014-08-30 00:00:00

Te has preguntado alguna vez ¿qué harías si de la noche a la mañana te arrancaran a un ser querido y vivieras durante horas, días, años, la angustia interminable de no saber en dónde está, si está vivo o no, o en qué condiciones se encuentra?

¿Dejarías de luchar y de exigir verdad, memoria y justicia ante un hecho tan detestable como la desaparición forzada de un ser humano?

En estas breves líneas les quiero compartir parte de la historia que nos ha tocado vivir ante el hecho de tener un familiar víctima de desaparición forzada.

Primero es importante destacar que una desaparición forzada no implica sólo el hecho de pensar que a una persona se la han llevado a la fuerza y que por ello sea forzada, ¡no!, una desaparición forzada implica que una persona o un grupo de personas sean privadas de su libertad por agentes del Estado (es decir cuerpos policiacos, militares, federales, etcétera) o por grupos que actúan con el apoyo o consentimiento de éste, los cuales una vez que realizan el hecho, lo niegan, ocultando así la suerte o el paradero de la persona desaparecida, con lo cual la víctima queda desprotegida de todos sus derechos, quedando a merced de sus victimarios.

Cuando una persona es víctima de este delito, no se sabe en dónde está, ya que no está en centros oficiales de reclusión, tampoco en hospitales, no está muerto, pero tampoco se tiene la certeza de que este vivo, pues está desaparecido, lo cual hace que los familiares y compañeros vivan en una angustia y tortura permanente por no saber de su ser querido.

En nuestro país, lamentablemente esta práctica forma parte de una estrategia permanente y sistemática del Estado mexicano; la cual se inició en los años sesentas con la finalidad de combatir y eliminar a los grupos disidentes y que hoy ha cobrado dimensiones alarmantes con miles de personas desaparecidas de manera forzada a lo largo de todo el país, bajo el pretexto de la lucha contra el narcotráfico que se inició en el 2006 con bajo el mandato de Felipe Calderón.

Así, en el contexto de violencia social y política que se recrudecía con la llegada de Felipe Calderón, el 25 de mayo del 2007 nuestros familiares, los luchadores sociales Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, fueron víctimas de éste terrible delito, ambos fueron detenidos y posteriormente desaparecidos en la ciudad de Oaxaca por un operativo policiaco–militar. Desde entonces los familiares decidimos luchar, dejar gran parte de nuestra vida común para salir a las calles para denunciar esta grave violación a los derechos humanos y exigirle al Estado su presentación con vida.

Es verdad y un hecho, que con la desaparición de nuestros familiares nuestra vida cambio completamente, como ha cambiado la vida de miles de familias en nuestro país a causa de este terrible delito; los proyectos de vida, el trabajo, las amistades, la familia, todo ha cambiado. Por ejemplo, muchos amigos se alejan por el miedo a que les pase lo mismo, la familia muchas veces decide mejor mantenerse al margen para no verse involucrada o simplemente para no comprometerse, los problemas económicos se presentan cotidianamente, dado que dejamos de trabajar formalmente para dedicarnos completamente a buscar a nuestros familiares, se presentan diversos problemas de salud en nuestras familias y en quienes convivieron más con las personas desaparecidas, los cuales conllevan malestares no solamente físicos, sino también emocionales.

Son una serie de cambios drásticos que se dan ante un suceso como éste. Sin embargo lo que quiero destacar aquí, es que a pesar de los cambios, nuestra decisión de luchar, movida en un primer momento por el dolor y el amor hacia nuestros seres queridos, es ahora una convicción clara, consciente y un proyecto de vida por lograr el respeto a los derechos humanos de todas las personas, incluyendo los nuestros como segundas víctimas afectadas por la desaparición forzada de nuestros seres queridos.

Hoy luego de más de 7 años de lucha permanente y de ver hacia atrás, hemos comprendido que la lucha por la presentación con vida de nuestros familiares y la de todos los desaparecidos, es una lucha de largo aliento, una lucha en la cual hemos aprendido a prepararnos y a ser conscientes de por qué luchamos y contra que nos enfrentamos.

Hemos vivido en el camino muchas experiencias que nos han enseñado que si no reflexionamos y no nos preparamos ante cualquier posible situación, esto puede traer consigo el desgaste, la sensación de frustración y con ello el abandono de la exigencia y precisamente es esto lo que busca el Estado, que las familias y la sociedad en general deje de exigir la presentación con vida de sus familiares. Muchos familiares que tuvimos la oportunidad de conocer cesaron en su lucha, producto de la desesperanza, la frustración y por no tener claridad a lo que se estaban enfrentando.

El comprender y dimensionar que este crimen es parte de una política de Estado que atenta contra la vida y la dignidad de las personas; el cual no sólo afecta a las víctimas directas, sino a los familiares y al pueblo en general, permite hacer conciencia de cómo debemos prepararnos para una lucha a largo plazo, una lucha que transcienda el sentimiento movido sólo por el coraje y el dolor, para convertirla en un acto de consciencia y claridad política, que busque la verdad, la justicia, la libertad y el respeto a nuestros derechos humanos.

Estos 7 años para nosotros han sido de angustia sin duda, pero también de grandes aprendizajes y logros, producto de la solidaridad incondicional de organizaciones populares y de derechos humanos que nos han acompañado. Hoy gracias a esto nos encontramos en una nueva etapa de lucha por encontrar a nuestros familiares debido a la importante resolución histórica emitida por el Poder Judicial de la Federación, la cual nos alienta a seguir adelante, no sólo por nuestros familiares sino por todos los desaparecidos.

La lucha por erradicar este crimen contra la humanidad debe ser una demanda de todos para lograr que los detenidos desaparecidos sean encontrados con vida y se enjuicie y castigue a los responsables. Los desaparecidos son del pueblo, son hombres y mujeres que han sido arrancados por el Estado de sus hogares, de sus luchas, de sus profesiones, por ello como pueblo no debemos ser indiferentes ante tales hechos inhumanos. Por esta razón exhortamos a no descansar, ni claudicar ¡¡Hasta Encontrarlos!!

¡Vivos se los llevaron, Vivos los Queremos!

@ComiteH_E