Hasta encontrarlos

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viernes 10 de octubre de 2014

Hasta encontrarlos

RAÚL SENDIC GARCÍA ESTRADA

El miércoles pasado se desarrollaron movilizaciones simultáneas de indignación por la masacre y el secuestro de los 43 estudiantes normalistas en la ciudad de Iguala.

Las marchas multitudinarias en Acapulco, Chilpancingo, el Distrito Federal y 25 estados de la República, concentraron a miles de personas que salieron a manifestarse exigiendo la presentación con vida de los normalistas desaparecidos con una sola consigna: “Vivos se los llevaron, vivos los queremos”.

En varias decenas de países alrededor del mundo se repitieron las mismas consignas y el mismo clamor, en la manifestación en Acapulco me tocó reencontrarme con amigos y compañeros de por lo menos tres generaciones de catedráticos y trabajadores de la Universidad Autónoma de Guerrero (UAG) y con un sinnúmero de alumnos de diferentes facultades y preparatorias en un acto solidario que no se veía desde hacía ya muchos años en un llamado a tener presente que 43 vidas se encuentran en riesgo.

El hartazgo a casi dos semanas de espera fue manifiesto, esperamos pronto su regreso con vida, éste no es solo un asunto de interés local, sino de gran impacto internacional que pone en la más grave crisis de derechos humanos en la historia de nuestro país.

Los contingentes de las marchas fueron plurales, ciudadanos, obreros, trabajadores, universitarios, vendedores ambulantes, maestros jubilados, líderes sociales y políticos, el pueblo en general hizo patente la solidaridad y las consignas que se gritaban en el pasado y que nos hacen recordar los momentos más álgidos de la guerra sucia, las desapariciones forzadas y los crímenes en masa.

El repudio y el grito desgarrador de justicia en todo el orbe, nos recordó lo frágil que es la vida en México y ahora particularmente en nuestro estado; es necesario y urgente que el grito de justicia se eleve para romper con la pantomima de la búsqueda de los desaparecidos, para que se castigue a los culpables por acción u omisión en estos lamentables hechos inefables y condenables, los cuales han manifestado la barbarie y la vileza en este crimen que podría ser de lesa humanidad que involucra a las autoridades, a los grupos de narcotraficantes y a actores políticos con terribles consecuencias.

Las autoridades han sido omisas en cuestión de aplicación de la ley y la justicia, desde el momento del asesinato de Arturo Hernández Cardona no actuaron con suficiente celeridad y aplomo contra el presidente municipal de Iguala, ni el Congreso del estado, ni el gobierno de Guerrero, actuaron con oportunidad y hoy estamos lamentando hechos que se pudieron evitar en su momento, la presunción de los delitos cometidos por el alcalde de Iguala, eran del dominio público, estaban en videos, en las redes sociales, los podías localizar en los buscadores de Internet e incluso existieron declaraciones y pruebas fehacientes de los cuales estuvo enterado el gobierno federal.

Los normalistas, sus familias, compañeros y ciudadanos tienen la prioridad de encontrarlos; el gobierno del estado se esfuerza por no dejar el poder, políticos sin escrúpulos han intentado defender lo indefendible.

Las policías se encuentran corrompidas, reina la ineficiencia, el soborno y la corrupción; ha perdido la confianza de la sociedad y aumenta en gran medida los niveles de impunidad.

Las autoridades estatales y municipales han permanecido omisas, indiferentes y disimuladas o en su caso en franca colaboración con la delincuencia, los gobiernos actuales se auto exculpan de sus responsabilidades buscando a los culpables en el pasado, evadiendo sus responsabilidades como garantes de la seguridad y la paz pública.

Un nuevo crimen de estado no pareciera posible en este momento, después de estos hechos nada será igual y menos si no se castiga a los responsables y se les cubre con el manto de la impunidad.

Existe una tendencia hacia los asesinatos selectivos de activistas políticos y luchadores sociales, como parte de una violencia de alta frecuencia y de baja intensidad para silenciar a las disidencias, acompañando estas acciones de desapariciones forzadas, asesinatos y secuestros que buscan destruir la voluntad del pueblo que se organiza, la desaparición forzada en Guerrero, no es algo nuevo, tiene más de 40 años, la misma edad que tiene la guerra sucia de los años 70.

Cuando todavía no cicatrizan las heridas dejadas por la guerra sucia del Estado mexicano frente a las guerrillas de Genaro Vázquez y Lucio Cabañas en Guerrero, que dejaran más de 650 detenidos, desaparecidos por motivos políticos y una comisión busca la verdad de los hechos, parece no resolverse el flagelo de la desaparición forzada, entendiendo que un país como México no se puede decir democrático cuando existen desapariciones forzadas que nos remiten al dolor que causan desde el pasado reciente.

El clima de inseguridad y la zozobra impide vivir en paz y tranquilidad, es necesario que la sociedad cimbre las estructuras del poder para lograr rescatar con vida a los 43 detenidos desaparecidos, respetando su integridad física y poniéndolos en libertad.

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