Y ya no habrá nadie

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Por Yussel DARDÓN. / septiembre . 15, 2017.

Hablar de desaparición forzada es hablar de una estrategia de terror impuesta por las autoridades cuyo objetivo es “aleccionar” al diferente o al incómodo, anular la existencia, dar certezas a partir de un sinfín de incógnitas.

En México las desapariciones han pasado a formar parte del diccionario del terror cotidiano, compendio muchas veces acuñado por las autoridades, solapado por el Estado bajo el pretexto de la “casualidad” y con el común denominador de “criminalizar a la víctima”.

En Ni vivos ni muertos (Grijalbo, 2014), el periodista Federico Mastrogiovanni realiza una investigación precisa sobre el fenómeno de la desaparición forzada en nuestro país y entrega una radiografía de este modelo del terror.

Apoyado de historias como las de Rosendo Radilla Pacheco en Guerrero, Alán Cerón en Cuernavaca, o la de Melchor Flores, El Vaquero Galáctico en Monterrey, se aborda este fenómeno desde diversos frentes, tales como la investigación hemerográfica, la opinión de familiares, académicos, activistas, historiadores. ¿El objetivo? Mostrar un cuadro preciso de la desaparición forzada no de manera estática ni unilateral.

En México, escribe el periodista, se ha vuelto imposible hablar de acontecimientos políticos y sociales sin enfrentarse al tema de las desapariciones forzadas, por lo que dice —con dolor— ya no sorprende su existencia sino el silencio a su alrededor.

“La sociedad y el Estado mexicano todavía no asumen las graves repercusiones que ha traído consigo la ruptura sistemática del antiguo pacto histórico entre las instituciones y los ciudadanos, y mucho menos que los daños profundos en la estructura del tejido social tendrán consecuencias impredecibles”, precisa Mastrogiovanni, quien critica que en muchos estados de la República Mexicana el delito de desaparición forzada no está tipificado.

Para responder el por qué suceden las desapariciones forzadas en México el periodista traza una línea desde la llamada “guerra sucia”, una etapa oscura del país que comprende de los finales de los años 60 hasta finales de los 70 donde se ejecutaron medidas de represión para mitigar movimientos y expresiones de oposición contra el Estado mexicano, hasta principios del sexenio de Enrique Peña Nieto.

A lo largo de Ni vivos ni muertos el ambiente desconsolador nos abraza, incluso la narrativa de Mastrogiovanni concluye que “las cosas pueden empeorar, siempre pueden empeorar”, y asesta un “más vale que lo aceptemos ahora y mañana”.

En Desaparicione”, canción icónica del panameño Rubén Blades, se cuestiona “¿cómo se le habla al desaparecido?”, y responde “con la emoción apretando por dentro”.

Así, con este ánimo, Federico Mastrogiovanni asegura que “cada uno de los desaparecidos es nuestro, nos pertenece, nos lo arrebataron y merece ser encontrado, Porque si no hacemos nada y al final todos desaparecemos (…) será sólo noche y niebla, y ya no habrá nadie”.

Ver en línea : http://www.elpopular.mx/2017/09/15/...