Crece el drama de la desaparición forzada en Juchitán, Oaxaca

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JUCHITÁN, Oaxaca.- El mismo año que desaparecieron al juchiteco Víctor Pineda Henestrosa, el 28 de agosto de 1978, a las puertas de la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, unas 80 mujeres se instalaron en huelga de hambre. Eran las madres, esposas e hijas de los detenidos-desaparecidos, víctimas de la contrainsurgencia, que hoy se denomina con el engañoso nombre de “guerra sucia”.

Sobre la guerra sucia se ha abocado el juchiteco Camilo Vicente Ovalle durante muchos años, tanto en los archivos como en el trabajo de campo, entrevistando a familiares de desaparecidos tanto en el sur como en el norte del país.

Drama y terror se han multiplicado

Aquellas mujeres, resalta: “Eran las doñas del Comité Pro-Defensa de presos, perseguidos, desaparecidos y exiliados políticos de México. Han pasado ya 40 años de esa huelga de hambre que trató de poner fin a la ficción que el Estado mexicano había construido para sí: en este país no pasa nada. 40 años, y el drama que acompañaba a esas mujeres se ha multiplicado”.

“Desde mediados de la década de 1970 se fueron creando comités que denunciaban los crímenes del Estado mexicano, y que exigían la liberación de los presos políticos y la presentación de los desaparecidos. Entre 1975 y 1976 se creó el Comité Pro-Libertad de Presos Políticos, en 1978 el Comité Nacional ProDefensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados (Eureka), poco después también se crea el Comité Nacional Independiente Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados”, detalla Vicente Ovalle.

La situación de los desaparecido en México continúa tan latente como hace 40 años. En 1976 fue Victor Yodo, en 2018 es Bruno Avendaño, aunque las causas sean otras:

“El reclamo continúa. ¿Dónde están?, el grito permanece: Vivos los llevaron, vivos los queremos. Son otras las mujeres, no las de hace cuatro décadas. Son otros los desaparecidos. Desde hace 7 años, madres de todo el país se reúnen para marchar y exigir la vuelta de sus familiares desaparecidos, caminan en una marcha por la Dignidad Nacional”.

Son víctimas de guerras ocultas

Si en los 70 era para abatir los brotes de insurgencia o para eliminar a la oposición política, actualmente es la guerra contra el narco en su mayoría.

“Es otra la ’guerra’ que se anuncia: contra el crimen organizado, contra el ’narco’, pero igual de engañosa que la anterior. Son las víctimas de un fenómeno que ha mutado. Entre la contrainsurgencia, que se aplicó en las décadas de 1970 y 1980, y la ’guerra contra el narco’, parece que lo único común que asoma es el terror, sólo multiplicado”.

Estratosféricas, las cifras de víctimas

Las frías cifras asoman al número de familias en la orfandad de sus hijos, de sus familiares, en el país, una guerra que inició con el presidente Felipe Calderón ha llevado las cifras a los cielos:

“Se calcula en aproximadamente mil el número de desaparecidos de la ‘guerra sucia’, número que aún después de tanto tiempo sigue siendo tentativo. Bajo la ‘guerra contra el narco’ las cifras pasan de 30 mil desparecidos, imprecisas como lo es esta ‘guerra’. El terror multiplicado, hoy día en México se calculan 500 fosas clandestinas y aproximadamente 10 mil cuerpos sin identificar”.

En los 70 el Estado tenía en la mira las luchas sociales, actualmente ya no sólo es el estado, opina Camilo Vicente:

“No se trata de las mismas desapariciones, en la mayoría de los casos el componente político ha sido desplazado: ya no es necesario pertenecer a organización guerrillera o movimiento popular alguno para ser desaparecido o ‘levantado’, eufemismo patético con el que ahora se designa a este nuevo tipo de desapariciones. No es el mismo contexto, no la misma crisis, y el autor de las desapariciones se ha diversificado, no es ya sólo el Estado. Sin embargo, una trama las une: la impunidad”.

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