Caso de hermanos Tzompaxtle único documentado de desaparición forzada

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Mayra Figueiras Hernández | El Sol de Orizaba

Orizaba, Ver.- Investigar un caso de desaparición forzada, como la de Andrés Tzompaxtle Tecpile y años más tarde la de sus dos hermano y otra persona más, realizada por el Ejército, de la que hay un sobreviviente que puede contar la historia en los años 90, es clave para entender como prácticas de terror de Estado de los años 60 y 70, sobrevivieron y estuvieron en operación hasta que se fusionaron con el crimen organizado en un contexto de la mal llamada guerra contra el narcotráfico.

Lo anterior lo expresó el escritor John Gibler, previo a la presentación del libro Tzompaxtle que hizo de manera conjunta con Jorge Marcial Tzompaxtle Tecpile (uno de los protagonistas del mismo) y Araceli Salcedo Jiménez, titular del Colectivo de Familias de Desaparecidos Orizaba-Córdoba.

Esta obra, que es la segunda edición que incorporó dos capítulos más narra la historia de Andrés Tzompaxtle Tecpile, joven guerrillero de origen náhuatl, oriundo del municipio de Astacinga, enclavado en la sierra de Zongolica, quien fue desaparecido en el año 1996, en el estado de Guerrero, en Zumpango del Río.

“Esta historia la reporteé entre el 2010 y el 2013 pero supe de esta historia desde el 2006, cuando dos de sus hermanos fueron detenidos y encarcelados, primero al parecer en una confusión pensando que uno de ellos era él y cuando se dieron cuenta de que no igual les tiraron un montón de cargos para que estuvieran en la cárcel varios años, como una especie de castigo por ser hermanos de este guerrillero”, mencionó.

Subrayó que la práctica de terror de Estado que se usó con Andrés se emplea todavía como represión y contrainsurgencia, pero además “es como un nuevo mundo en el negocio de terror, en el secuestro; donde te cobran el rescate tres veces y después simplemente nunca regresan al familiar o se llevan a una persona que no paga la extorsión en su tienda de abarrotes y nunca más aparece”, aseveró.

Subrayó que la desaparición forzada ya comparte una industria de la impunidad donde el Estado y el crimen organizado están fusionados, por eso considera como algo de sumo valor al hacer ese tipo de investigación, porque éste es uno de los pocos casos documentados, tal vez el único de los años 90, “que se cuenta desde un sufrimiento de las desapariciones forzadas y que nos muestra cómo se lleva a cabo y como la voluntad de lucha social de una persona que soporta el dolor y lo sobrevive, persiste”.
Añadió que el terror de represión se profundizó en los últimos 14 años y se expandieron de forma brutal. Eso también ha hecho que se creen nuevas aglutinaciones de lucha en Orizaba, en Córdoba y por todo el país.

“Las madres de desaparecidos, que han mostrado una capacidad de organización social, de fuerza de lucha. Se han convertido en detectives porque los policías no investigan. Se han convertido en antropólogas forenses porque la PGR no rastrea bien ni busca fosas; se han convertido en luchadoras sociales porque nadie o muy pocas personas las escuchan. Esa fuerza y todo ese movimiento también muestra las raíces de la lucha social en México”, concluyó.

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