No Descansar Hasta Encontrarlos

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Machetearte on julio 3, 2016 Análisis

Por Kanek HD

Nadín Reyes pertenece al comité de desaparecidos ‘Hasta encontrarlos’. Cargada de experiencia, conoce el significado de toparse con el poder y la burocracia. Emotiva, su discurso es con términos legales. Nadín sabe de la exigencia por la presentación con vida de todos los desaparecidos. Machetearte charló con ella en un evento político-cultural dentro de la semana del detenido-desaparecido, que se realiza desde hace más de 9 años.

Ella es hija del luchador social Edmundo Reyes Amaya, desaparecido en Oaxaca, junto con el señor Gabriel Alberto Cruz Sánchez, en el que participó la policía estatal y Federal, en mayo del 2007. El comité ‘Hasta encontrarlos’ sabe que fueron detenidos y entregados al ejército. La última vez que se les vio fue en la Ciudad de México, en el Campo Militar Número 1. “Nosotros creemos que nuestros familiares pueden estar en esos centros clandestinos”.

En su lucha, resalta que el año pasado lograron “una resolución judicial que ordena que los militares tengan que abrir los cuarteles para buscar a Gabriel y Edmundo. Es la primera vez que México emite una resolución de este tipo. Estamos en esta exigencia para que esta resolución se cumpla”.

—¿Qué sucede en la familia de un desaparecido?

—A la familia nos cambió la vida porque nos dedicamos de tiempo completo a buscar a nuestro padre. Y esto trae problemas de salud y económicos. Otro problema es el estigma y la criminalización por tener un ser querido desaparecido. La gente se aleja porque piensa que le puede suceder lo mismo. Ese aislamiento es algo que vivimos; sucedió en los primeros años de la

desaparición. Pero las actividades de difusión han logrado un poco de solidaridad por parte de la gente.

Para Nadín Reyes “todos estos casos de desaparecidos son borrados de la cifras oficiales. Ninguno de estos rostros que presentamos aparece en el registro del gobierno. Desde 2006 se ha incrementado el número de desaparecidos en este país. Los casos por motivos políticos se pierde en todo este contexto y nosotros nos hemos dado a la tarea de documentarlos. Son 139 casos sin documentar. Todos son casos de impunidad”.

—¿Qué es una desaparición forzada.

—Es la privación de la libertad, legal o ilegal, por agentes del Estado, desde un policía de tránsito o un militar. Pueden detener a una persona y no ser presentada a una instancia oficial. Posteriormente, la autoridad niega el hecho de haberlo detenido; de esta manera se mantiene la impunidad. La mayoría de las veces son sometidas a tratos crueles; y está a merced de sus victimarios; por eso es violentado en sus derechos humanos. Como no se sabe, o no se tiene la certeza de dónde está, puede ser sometido.

“La desaparición forzada no solamente es un delito, es una violación grave a los derechos humanos. La peculiaridad en este tipo de desapariciones es que la responsabilidad es directamente del Estado. Actualmente el Estado quiere disminuir su responsabilidad al decir que estas desapariciones son por el narco o por grupos de particularidades; y nosotros decimos que no”, agregó.

—¿Con qué obstáculos se han encontrado?

—El primer obstáculo, que la mayoría de los familiares encontramos, es levantar la denuncia; porque la desaparición forzada no está tipificada en todos los estados, entonces no toman la denuncia como desaparición si no como cualquier otro delito, por ejemplo, como secuestro; pero la desaparición forzada es un delito distinto. Otra: la simulación o le engaño por parte del Estado al decir que investiga pero no se hace nada. Una más: lo que se presenta de manera sistematizada es el filtrar información de los desaparecidos y afirmar que ya están muertos. La intención es desgastar. Y que ya no se busque en las cárceles ni en ningún otro centro de detención. El Estado apuesta a que entremos en angustia y desesperación.

Nadín Reyes rememoró que en 1960 “desaparecieron a muchos luchadores sociales y no hay un solo responsable o enjuiciado por ese delito. Eso ha permitido que actualmente se sigan cometiendo de manera sistemática y generalizada. Mujeres, hombres y niños, sin tener militancia política, están desapareciendo. Se necesita visibilizar, que los desaparecidos no se les vea como un número más. El gobierno quiere números, cifras”.

—¿Cómo reacciona la gente al momento de difundir esta desaparición?

—Al inicio hay poca solidaridad. Ahora hay más sensibilidad porque la gente se acerca, escucha y toma información. Y está un poco más involucrada en comparación de los primeros años, que fue muy difícil. Antes nadie quería tomar un volante pero dado que esta situación ya es más generalizada la gente se hace más consciente.

—¿Los medios de comunicación predominantes difunden estos casos?

—Si difunden pero de una forma muy tergiversada. O ayudan a fomentar esa situación de criminalización; y estigmatizan a las familias de los desaparecidos. Los medios de comunicación

hegemónicos difunden una verdad insuficiente; una “verdad” oficial. Y esto produce la idea en la gente de que “desaparecieron porque pertenecen a la delincuencia” o “en algo malo andaban”.

—¿Cómo identificar el instante en que se criminaliza?

—Cuando un grupo de jóvenes desaparece y los medios de comunicación dicen “se creen que son del crimen organizado”. Independientemente de que sean criminales o no, o de que pertenezcan a una organización política, nosotros decimos que somos seres humanos y por eso hay leyes y que hay un Estado que debería castigar con la ley. No se debería desaparecer a las personas. Hay un derecho humano que es el derecho a no ser desaparecido.

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